sábado, 25 de agosto de 2012


Tercera Crónica

UNA VIDA DE AVENTURAS

Por: Silvia Juliana Vargas
Hoy hablaré de algunos aspectos de la vida de una joven a quien comúnmente llamo “Elizita”. Bueno, ¿quién es Elizita? En primer lugar su nombre completo es: Elizabeth Gómez Blanco, una muchacha que actualmente tiene 23 años y estudia Licenciatura en Español y Literatura en la Universidad Industrial de Santander y cursa octavo semestre. En estos días, estando en la Biblioteca de la Uis y en el Edificio de Ciencias Humanas, hablaba con Elizita sobre las cosas que teníamos pendientes y en especial de las dos actividades que ella desarrolla actualmente: trabajar y estudiar, dos cosas bastante complejas que requieren de mucho compromiso y organización en su vida. Dentro de las cosas que me dijo, me explicó que para poder pagar los gastos de la universidad ella ha tenido varios trabajos como: en un salón de belleza, mesera de bares, en restaurantes y hoteles. También me dijo que actualmente está viviendo con su hermana.
Pues bien, Elizabeth me decía de manera detallada cómo inicia cotidianamente su semana, una semana cargada de muchas aventuras y muchas responsabilidades que deben ser repartidas en el transcurso del día y la semana. Es decir, al iniciar el lunes lo primero que ella hace es levantarse temprano, bañarse y arreglarse. Arreglarse le implica un poco más de tiempo, pues normalmente las mujeres siempre acostumbramos a demorarnos un poco más mientras decidimos si ese peinado cuadra con la ropa, los zapatos o tal vez pensar por un momento si realmente su amor la verá verdaderamente linda en este nuevo día. Seguidamente revisa que todo su material de lecturas esté en su bolso, para posteriormente mirar si aun le alcanza el tiempo para desayunar. De lo contrario, emprende el largo recorrido que le espera, pues tomar el  bus no es nada fácil ya que vive en Piedecuesta.
Normalmente Elizita se dirige a coger el bus con un horario muy estricto, para poder llegar temprano ya que el recorrido es bastante largo, por los trancones que cotidianamente se forman en la ciudad. Siendo más claros, cuando tiene clase a las 8:00 a.m. debe salir de su casa a las 6:40 a.m. para llegar en punto a la parada. Por lo tanto, cuando ella ha llegado a las 7:00 a.m. a la parada, siempre ha llegado a la universidad aproximadamente con veinte o treinta minutos de retraso, cosa que a veces causa incomodidad en ella misma y probablemente en los profesores. Así es como normalmente empieza un día para Elizita.
Cuando es lunes hay clase de Didáctica en el CENTIC, lugar donde el profesor Wilson Gómez dicta sus clases normalmente, con diversas actividades que siempre están programadas con anticipación. Al terminar la clase Elizabeth acostumbra a dirigirse a la Biblioteca donde estudia hasta las doce del medía día, para finalmente encontrarse con su novio Jaime, una persona especial que siempre la acompaña a almorzar, a no ser que se presente un imprevisto u otra situación que lo impida. El almuerzo constituye un espacio en el que comparten, dialogan sobre algunas de las vivencias que cada uno ha tenido en el día, se ríen, descansan y regresan como siempre al lugar de estudio: la Biblioteca de la uis, lugar que siempre los acoge para largas horas de lecturas y preparación de trabajos.
El lunes concluye cuando Elizabeth sale de la universidad con su novio Jaime para tomar el bus. Para esto, deben dirigirse a la catorce, lugar donde acostumbran a esperar el transporte cotidianamente. Cuando se suben empiezan a hablar otro rato, pues el recorrido es bastante largo. Estando aun en el bus empiezan a comentar cómo les acabó de ir, hablar de algunas actividades pendientes, de algunos planes que tienen; en conclusión de todas las cosas que normalmente les suceden, sean emocionantes o tristes. Finalmente, Elizita se despide de su amor Jaime, y llega a la casa donde la espera su hermana Nancy, con una deliciosa comida que ha preparado con mucho cariño. Cuando Eliza termina de comer, se dirige a la habitación de su hermana y allí comparten un buen rato para hablar algunas cosas que les han sucedido durante el día, las tareas y algunos favores que siempre suelen hacerse entre hermanas.
De igual forma transcurre el día martes con mucho entusiasmo, muchas actividades por hacer. Elizita siempre empieza a realizar desde muy temprano sus trabajos y demás cosas. Lo que son los días miércoles y jueves a veces están cargados de otra programación que le ayudan a salir un poco de la rutina. Casi siempre, durante esos días hay programas culturales a los que ella acostumbra a asistir con Jaime. Estos programas normalmente de desarrollan de 7: 00 p.m. a 9:00 p.m.,  un espacio para descansar y recrearse un poco. También en el transcurso de la semana Elizita casi siempre se encuentra con su compañera Silvia, con quien acostumbra a hablar de los trabajos pendientes, de cómo ha transcurrido el día en las diferentes asignaturas y de los materiales que deben consultar en la Biblioteca de la Uis y en la Red de Bibliotecas del Banco de la República. Además, Elizita y Silvia a veces se toman un frappe mientras molestan un rato, caminan y hablan de otras cosas que les divierten: diversas cosas chistosas que les han pasado en el día en las diferentes asignaturas.
El viernes igual que los días anteriores Eliza asiste a clase y se prepara porque se aproxima el fin de semana, un fin de semana cargado de muchos compromisos que debe saber distribuir, pues a veces debe realizar algunas lecturas, demás trabajos de la universidad, en fin, muchas cosas. El fin de semana compuesto por sábado, domingo y otras por un lunes festivo constituye una gran oportunidad para Elizabeth, porque sabe que se ganará el dinero que necesita para suplir sus gastos de la universidad y demás cosas.
Elizita casi siempre trabaja los domingos, pero cuando empieza su trabajo el sábado, el horario de su turno es diferente pues es desde las 8:00 a.m. hasta las 5:00 p.m. Elizita me decía: yo cojo la buseta, llego a la entrada del “Condominio Rosales” donde esta el bus de los empleados y me subo habiéndome registrado con el carné de empleados. Estando en el bus hacemos bromas, nos saludamos y actualizamos agenda. También saludo a Julietica, la señora del aseo a la que admiro mucho porque es muy buena persona, alegre y no le pone peros a las cosas.
Después de esto, llego al lugar donde me corresponde trabajar que se llama “Vergel”. Este es un club donde hay canchas de tenis, voleibol, squash, gimnasio, piscina, entre otras cosas. Yo soy la encargada de la piscina aunque ahora me desempeño como sacadora de cada pedido que hacen todos los meseros. Así transcurre el día y al terminar el turno converso con los meseros, con mi hermana que también trabaja allí. Después, alistamos el “mice o place” del otro día para el servicio (servilletas, vasos limpios y brillados, las copas, los manteles, los puestos y servilletas hechas bolsillo para los cubiertos.
De 5:30 p.m. a 6:00 p.m. nos vamos a “La Suprema”, la única panadería de Ruitoque que queda frente al “Vergel” y comemos galletas o dulces raros con figuras de hamburguesitas, perros o pizzas de gomitas. Finalmente, el bus nos baja a la entrada del condominio y mientras tanto algunos meseros nos invitan a tomar o a salir, pero yo digo que no porque estoy cansada o tengo que estudiar. Así que llego a la casa con mi hermana, como y a dormir. Es así como termina mi fin de semana Silvita y así sucesivamente…

lunes, 23 de julio de 2012


Segunda Crónica

UN DÍA MÁS
Por: Silvia Juliana Vargas

Hoy jueves siete de junio de 2012, salí temprano nuevamente para dirigirme a la universidad. Durante el recorrido que hace Metrolínea desde la calle veintisiete con treinta y siete hasta la calle veintisiete con once, pude observar  detenidamente las calles de mi hermosa ciudad, una ciudad de gente alegre y emprendedora. En Bucaramanga, es maravilloso ver que desde muy temprano las personas salen nuevamente a desempeñar sus trabajos con mucho esmero, y tal vez con mucha expectativa de lo que alcanzarán en un día largo y ajetreado. Para muchos, un nuevo día significa una nueva oportunidad para luchar por ellos mismos y por sus familias. Porque ¿quién no quiere un futuro mejor?
Aproximadamente a las nueve y media regresé a mi casa con la expectativa de cuál sería el oficio ideal para mi crónica. Después de contemplar varias posibilidades, cerca del medio día llegué al parque Santander, ubicado en el centro de la ciudad. Estar en este lugar en medio de un fuerte sol sofocante, un paisaje colorido y mucha gente alegre, me permitió recordar gratos momentos de mi infancia, pues yo amaba este lugar, en especial la fuente que había, porque me causaba bastante gracia ver los gaminsitos bañándose allí. ¡Qué bello es contemplar la naturaleza, los caballitos para la foto de recuerdo, las ventas de helado y muchas cosas que le dieron alegría a cada día de mi vida! Definitivamente, este era el lugar clave para el desarrollo de mi idea, puesto que en este parque podría conocer más de cerca uno de los muchos oficios que diariamente desempeñan muchos santandereanos.
Pues sí, había llegado el momento de entrevistar al fotógrafo y conocer más de cerca en qué consiste este oficio. Cuando estuve frente a  los caballitos tuve que esperar a que su dueño se dirigiera hasta ese lugar, pues se encontraba bastante retirado de allí. Seguramente, creo que para este fotógrafo fue bastante curioso ver a alguien de mi edad acercarse a estos caballitos, porque lo más obvio era que no quería una foto de recuerdo, sino que probablemente yo tenía otro interés. Al saludar al fotógrafo, un señor alto, moreno, muy sonriente y aproximadamente de sesenta años, pude igualmente regalarle una sonrisa y decirle cuál el motivo de mi saludo. Primeramente me presente y le dije que deseaba saber claramente en qué consistía su oficio y cómo era un día de trabajo en este parque del centro de la ciudad. De esta manera, con un poco más de confianza me dijo que se llamaba Ciro Castañeda y muy amablemente me contó cómo y por qué desempeña su oficio de fotógrafo. Además, me empezó a contar que su día iniciaba bien temprano, pues su lugar de residencia está ubicado en una vereda de Girón llamada “Acapulco”, un lugar bastante retirado de su punto de trabajo.
Seguidamente Don Ciro me decía que todos los días emprendía una rutina que empezaba a las tres y media de la mañana, hora en que se levanta todos los días con muchas energías para continuar con un día más de trabajo, ya que en otro lugar o empresa no hay trabajo para él. Con mucha sinceridad y con un poco de tristeza en su rostro, me dijo que no le quedaba otro remedio que salir diariamente y viajar aproximadamente tres horas, para estar a las seis de la mañana en su punto de trabajo. También me dijo: un día más, para mí significa la búsqueda de un día más próspero en las ventas, pues yo mismo debo  buscar la platica para la comida y para la vivienda.
Finalmente Don Ciro Castañeda me dijo que su experiencia como fotógrafo constituye una gran aventura y que no quería hacerme llorar, porque realmente había días muy difíciles en los que salía casi a las cuatro de la tarde con un muy poco dinero en sus bolsillos. También me dijo: este es un trabajo muy variable y a veces aburridor porque después de un largo día se obtiene muy poco; pero al fin y acabo hay que mirarle el lado positivo a la vida, porque los niños casi siempre convencen a sus padres para que les tomen la foto en el caballito. Definitivamente estos son mis clientesitos, aquellos niños que me hacen sonreír y seguir adelante. Don Ciro añade, un día viene, un día va pero siempre hay que seguir con la mirada en alto a pesar de las adversidades.
Definitivamente la experiencia de conocer a Don Ciro Castañeda, me permitió ver la vida desde otro panorama. Por último, regresé satisfecha a mi casa para realizar mi crónica sobre un oficio muy admirado como lo es el de un fotógrafo.

viernes, 29 de junio de 2012

Crónicas y mucho más...

Primera Crónica

MI FIN DE SEMANA
Por: Silvia Juliana Vargas
Siendo las diez y media de la mañana del día viernes 25 de mayo, me dispuse a organizar todas las actividades que realizaría durante el fin de semana. Primeramente, el viernes 25 de mayo aproximadamente a la 1 de la tarde salí con mi novio a comprar una carpeta para guardar las fotocopias del semestre pasado y unos lapiceros que necesitaba. También compré otros materiales como: cartón paja y unos botones, pues debía elaborar con la ayuda de mi novio una ruleta, para los niños de ocho años de la iglesia donde asisto. De regreso a la casa, pensábamos en cómo sería el diseño de la ruleta y si eran suficientes los materiales que habíamos comprado y los que teníamos en la casa.
Después de haber transcurrido gran parte de la tarde, llegué a la casa junto a mi novio, quien se convirtió en un excelente cómplice en la elaboración de la ruleta. Primero se hicieron los círculos en el cartón para posteriormente recortarlos, pero nos dimos cuenta que debíamos comprar un transportador y buscar un soporte que permitiera girar correctamente la ruleta, porque pensábamos que probablemente los botones no funcionarían. Al llegar al supermercado Cootracolta adquirimos el transportador y un paquete grande de platanitos que sirvieron de onces cuando regresamos nuevamente a la casa.
Durante la elaboración de la ruleta pasamos una tarde y parte de la noche muy divertida, pues la selección de los colores era fundamental porque era para unos niños de ocho años. Por lo tanto, escogimos papel Kimberly de color azul, verde y fucsia para darle un toque de alegría y diversión. Además, las doce preguntas que llevaba la ruleta fueron elaboradas con base a un libro de temas bíblicos para niños. Pegar cada parte de la ruleta constituyó una tarea muy fácil, lo chistoso fue que yo boté sin culpa los botones que nos servirían para sostener la ruleta. Buscamos en todas partes, hasta que por fin los encontré en la basura. Aunque la elaboración de la ruleta parecía tan sencilla acabamos a las 9 de la noche con mucha satisfacción, pues quedó muy bonita y llamativa para la actividad que realizaría el domingo en la mañana en la iglesia. Definitivamente fue una tarde de aventura en la que nuevamente recordé los trabajos de primaria que tenían tanto color y diversión, pero también tanto trabajo para los papás.
El sábado 26 de mayo, un nuevo y hermoso día que dispuse para organizar rápidamente parte de mi ropa y de mi habitación, se convirtió en una mañana muy agradable pues amo el orden y la limpieza, para mi es indispensable estudiar en un entorno agradable. Ordené todo lo más rápido posible pues me habían invitado a almorzar a las doce del día una deliciosa mojarra. Al llegar al lugar donde almorcé me encontraba acompañada de mi novio y de su hermano. El almuerzo estuvo delicioso como de costumbre y pasamos un momento muy agradable en este restaurante del centro de la ciudad que se llama “El Mocho”. Definitivamente la mojarra acompañada con patacones, ensalada, aguacate y una deliciosa limonada, fue un gran almuerzo que disfrutamos y agradecimos a nuestro gran amigo Juan Carlos Corredor, un hombre sencillo y muy cariñoso.
Después de salir del restaurante el hermano de mi novio se dirigió rápidamente a su trabajo y mi novio me acompañó a la casa. Allí hablamos un rato y se fue porque tenía clase a las dos de la tarde. Estando en mi habitación recordé que debía hacer una actividad para la clase del domingo, por lo tanto me dirigí a la habitación donde está el computador a hacer una sopa de letras y unas invitaciones para el culto del jueves dirigido por las damas jóvenes. Finalmente antes de las siete fui a la iglesia donde hubo un ambiente muy especial.  Regresé a mi casa nuevamente a imprimir y recortar las invitaciones que había elaborado durante la tarde y me acosté aproximadamente a las 12 de la noche, porque me demoré imprimiendo. Definitivamente el sábado también pasé un día muy agradable y bendecido.
Finalmente el domingo 27 de mayo me levanté muy temprano a acabar de organizar los materiales que llevaría para la clase de los niños de ocho años de la iglesia. Me bañe, me organicé y salí de mi casa casi a las ocho y media de la mañana. Estando allí salude a mis amigos, repartí las invitaciones para el culto del jueves junto con otras dos muchachas: Jael y Nathalie. Siendo las once de la mañana había llegado el momento de dar la clase a los niños. El tema era “La confianza en Dios” basándome el capítulo 6 de Daniel que nos habla cuando Daniel estuvo en el foso de los leones. Durante la clase los niños molestaron como de costumbre, pero había un ambiente agradable de participación. Lo más importante es que aprendieron en qué consiste la confianza y cómo Dios ayudó a Daniel en todo momento porque confiaba plenamente en él. La ruleta resultó un juego muy divertido, pues todos participaron. Finalmente en la clase repartí las sopas de letras que llenaron los niños con mucho entusiasmo. Algunos hicieron trampa y otros la hicieron sin ayuda. Al concluir la clase acostumbro a darles un caramelo o galleta, en este caso les llevé un masmelo. Los niños se sintieron muy contentos en la clase y a las doce se fueron porque ya había finalizado la clase. Antes de salir de la iglesia, con mi novio compramos un postre de limón para cada uno y dialogamos un rato porque estábamos disgustados.
Cuando llegamos a mi casa nos esperaba un delicioso almuerzo que constaba de un delicioso plato con dos crepes, papás a la francesa y jugo de mango. Todo estuvo muy delicioso y pasamos un momento agradable en familia. Durante la tarde descansé y dormí un rato, algo que acostumbro hacer los domingos en la tarde cuando no tengo muchas actividades pendientes. Casi a las cinco de la tarde me dispuse a recopilar la información necesaria para elaborar mi crónica. Al comienzo fue un poco difícil, pero pienso que todo fue fluyendo. Finalmente me acosté a las diez y media satisfecha de mi trabajo.

sábado, 14 de abril de 2012

Comentario de la película Antonia


La película Antonia es muy interesante porque cuenta la historia de una granja en la campiña holandesa donde Antonia pasa su vida recordando sus vivencias. Recuerda cuando después de la Segunda Guerra Mundial vuelve al pueblo en el que nació. A partir de ahí recuerda su vida durante los cincuenta años siguientes, así como la de sus hijos y nietos. Día tras otro, el comportamiento independiente, inconciente y algo excéntrico de Antonia y su familia, y en especial su lucha por el feminismo, se mezcla con la vida del pueblo en que viven. Finalmente la vieja granja se convierte en el hogar de personajes muy variados en los que el resentimiento inicial se convierte en tolerancia y, posteriormente, en amor.



Caperucita Roja
Triunfo Arciniegas













EL AVIÓN DE LA BELLA DURMIENTE
Gabriel García Márquez